Sobre... Román Álvarez Rodríguez. Año 2016

1ª edición, año 2016

2ª edición, corregida y aumentada, año 2021


Las relaciones entre Irlanda y España se remontan a tiempos en los que mitología y datos históricos se entremezclan. En la Irlanda gaélica se creía que sus ancestros procedían de España. Tal creencia se basaba en un pasado celta común, cuando, según la tradición, los descendientes de Milesio llegaron a Irlanda unos mil años a.C. Ese vínculo, casi familiar, conformó el ambiente propicio para que en la época de las persecuciones religiosas contra los católicos, muchos irlandeses –clérigos, militares y comerciantes—huyeran hacia España, donde desde el primer momento gozaron de la protección de la Corona.

En el caso concreto de los religiosos, a quienes se les negaba una formación adecuada en los seminarios de su país, la acogida española supuso el alivio de hallar un puerto seguro y, al mismo tiempo, un modo de proseguir sus estudios para retornar después al apostolado en sus lugares de origen. Era lo que por entonces se denominaba “la misión de Irlanda”. Así, se fundaron varios colegios de irlandeses en Europa, entre ellos, uno de los más afamados y duraderos: el Real Colegio de Nobles Irlandeses de Salamanca.

En 1592 el rey Felipe II se dirige a las autoridades académicas y civiles de la ciudad para encomendarles el cuidado y protección de los jóvenes seminaristas irlandeses. Desde entonces, y a lo largo de casi cuatro siglos, los irlandeses formaron parte del paisaje y del paisanaje de la ciudad del Tormes. Muchas son las referencias culturales que Salamanca atesora con respecto a ese colectivo. Pero a medida que transcurre el tiempo los recuerdos se van borrando, por más que queden alusiones tales como el nombre del Colegio de los Irlandeses, o el callejero urbano mantenga la calle de San Patricio y la Plaza de los Irlandeses.

Uno de los propósitos de este trabajo es dar a conocer al gran público el legado de unas gentes con las que la ciudad hizo gala de fraternal hospitalidad. Los salmantinos deben saber que no lejos de Dublín se encuentra depositada una pequeña parte de su historia. Allí se conservan los llamados “papeles de Salamanca”, consistentes en varios miles de documentos de muy diverso tipo que reescriben la trayectoria de los irlandeses en la ciudad. También debe saberse que en Irlanda el nombre de Salamanca tiene un halo de cercanía emotiva, de evocaciones casi familiares, de prolongación, en suma, de unos vínculos que se iniciaron a finales del siglo XVI y que aún perduran.

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